15 de octubre de 2012

Ruta del DF a Managua: Capítulo 4 San Pedro Sula a Tegucigalpa


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Tras la bienvenida que me topé al llegar al hotel en San Pedro Sula, bueno...me dije, me quedo una noche mas y me voy. Mando señales de vida, aprovecho de cambiar dinero (dólares por Lempiras) y doy una vuelta por la ciudad. Realmente no hay mucho que ver, es una ciudad de paso, cambiar dinero o de bus o llegar del aeropuerto (tiene el principal de Honduras) para seguir viaje. La ciudad, seamos sinceros, no es muy amistosa, ver guardias armados y sabiendo que muchos civiles andan cual far west, no da para conocer mucho más. Más encima, la mala suerte mía es que estaba viajando en el peor período del año para  viajar por Centroamérica: Semana Santa.

Catedral de San Pedro Sula
En Honduras como en toda Centroamérica, Semana Santa es la semana donde la mayoría de la gente viaja, ya que es el principal periodo de vacaciones existente en esta parte del mndo. Esto significa no sólo una violenta alza de tarifas en los pasajes, sino que también que no hayan buses desde el miercoles santo, es decir, ningún tipo de transporte por al menos 2 o 3 días.  Ya sabía como se venía la mano, así que pase la noche apenas desperté me fui a la Terminal Metropolitana de Autobuses en un taxi que ya se caía a pedazos y me habrá cobrado unas 25 Lempiras (menos de 1.3 dólares).

San Pedro Sula


En este subutilizado terminal de buses que es la Terminal Metropolitana de Autobuses de San Pedro Sula, ya que buena parte de los negocios estaban vacíos y la parte del terminal en si misma es pequeña, tuve que esperar como dos horas para poder salir a un precio digno. Encontré un  bus que salía a Tegucigalpa, así que me dije, me voy para allá, mal que mal es la capital de Honduras y algo más de movimiento tendrá que haber. Subí pero a los pocos minutos ya estaba lleno y sobrevendido, ya que era de los últimos que salía de San Pedro Sula. Por suerte agarré asiento, y el viaje de 250 kilómetros fue interminable. Una de las cosas que me llamó la atención fue el hecho de que cada vez que el bus pasaba por un control de la Policía  la gente en los pasillos se agachaba con el fin de que no pararan el bus y se terminara el viaje, puesto que en teoría viajar parado en largas distancias en Honduras está prohibido, pero honestamente, los policías tendrían que ser muy giles para no darse cuenta  que en el bus que íbamos era una verdadera lata de sardinas.

Tras siete horas de largo viaje, llegábamos a la capital de Honduras, Tegucigalpa, una ciudad que sería totalmente diferente  a San Pedro Sula, (continuará)

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