17 de octubre de 2012

Ruta del DF a Managua: Capítulo 5 Tegucigalpa


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Tras 7 horas de viaje en una lata de sardinas, el autobús de empresa desconocida llegó por fin a  Tegucigalpa, capital de Honduras. Cómo había contado antes, el periodo de viaje era plena semana santa, es decir, pocos buses, caros y atestados de gente, lo cual hacía más complicado moverse por el país. Esto hizo que optara por viajar a un destino poco frecuente por Centroamérica, que es Tegucigalpa.  Una de las particularidades de Tegucigalpa es el hecho de que no llega a una terminal de autobuses ni central camionera ni nada parecido, sino que se llega a una oficina de la empresa (cada empresa tiene su propia parada), en el sector denominado Comayagüela, una zona poco amistosa, donde hay que estar atentos por cualquier cosa, ya que tiene mala fama por robos y asaltos tanto a locales como a turistas. Cuando escuche eso dentro del bus, me decía por dentro "en el paísito donde estoy, linda la wea", pero en ese momento de duda, me hizo recordar una frase que escuché a un par de chilenos en un viaje en Macchu Picchu en 1998 (con huaico -alud- incluido),  "acaso no querís aventura, acá tenís aventura".   Así que asumiendo que ya estaba ahí, me hice el valiente y me bajé del bus. Había visto un hotel por el centro de Tegucigalpa, el Hotel Iberia,  que costaba 10 dólares la habitación, así que me lanzo al centro en Taxi, ya que la distancia entre la zona de los terminales de buses en Comayagüela al centro de Tegucigalpa era algo más que apreciable y la zona para nada amistosa.  El taxista me cobró 25 Lempiras (menos de dos dólares) hasta el Hotel que estaba en pleno centro de Tegucigalpa. El Hotel Iberia (Los Dolores esquina Cristobal Colón, tel: 2379267) es digamos un hotel digno, cama limpia, aire setentoso y seguro, así que con eso ya me daba por servido. Salí a explorar las calles de la ciudad, la cual ya estaba imbuida dentro de la Semana Santa, una buena excusa para conocer mejor la ciudad.



Cristo crucificado, Tegucigalpa
A diferencia de Guatemala o El Salvador, Honduras sigue siendo un país profundamente católico, cosa que queda claro en Tegucigalpa. Pese a que miles salieron de la ciudad (al igual que en San Pedro Sula) en Tegucigalpa se respiraba ese aire de luto añejo y pechoño que me hizo recordar las semanas santas de los 70 u 80 cuando era niño, donde casi no se podía decir ni pío. Negocios cerrados y algunas personas de riguroso luto, me hacían imaginarme que serían días muy sobrecargados de fe y religión en esta ciudad. Lo anterior me quedaría claro el día siguiente, el  viernes santo, un día de procesiones por todo el centro (casco antiguo) de Tegucigalpa (continuará en el siguiente posteo)

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