28 de enero de 2013

De Londres a Madrid en bus (primera parte)

Saliendo de Londres, barrio de Vauxhall


Tras estar algunos días en Londres, teníamos planificado volver al continente, pero no volvíamos a Francia, sino que seguíamos viaje hasta España, exactamente hasta Madrid, pero con escala técnica en París.  Decidimos hacerlo en bus, dado que habíamos conseguido un buen precio hasta París (menos de 15 libras por los dos, mediante esas ofertas de último minuto en que se encuentran en el sitio web de National Express, la versión local de Eurolines en el Reino Unido) y desde París, habíamos conseguido pasajes a precio normal en el sitio web de Eurolines Francia. Cuando los compramos por Internet en nuestra austral casa, pensamos que el viaje iba a estar bien y sin mayores problemas, ilusamente creyendo que por ser buses europeos iban a ser mejores que los que se pueden tomar en América Latina.

El autobús para París salía desde la Victoria Coach Station a las 8 am, pero había que llegar antes para imprimir una especie de voucher para abordar el bus, así que había que estar antes de las 7 am. Este terminal de buses es pequeño, funcional, pero no mejor que los que se pueden encontrar en América Latina, cosa que nos dimos cuenta cuando viajamos desde París a Madrid. Tras ir a buscar el voucher, había que esperar hasta la hora. Pero eran las 8 am y el bus no llegaba y pense "estos no tienen puntualidad inglesa", claro, llegó a las 08:15. Un bus viejo, un Eurolines, con un asistente (azafato, auxiliar) petiso y canchero, el cual decía las "maletas para Parigi Galenini (sic)". Tras un momento de confusión, salimos de Londres.


Eurolines en que viajamos a Paris
El viaje hasta París fue tranquilo, lo que rompía la monotonía del mismo fue una niña que lloraba todo el viaje y que sus padres, unos franceses totalmente indolentes dejaban a su suerte, en un momento, el bus frena y la niña (no tenía 4 años) se cae y el auxiliar corre raudo a tomarla para evitar que se cayera y luego pasa a increpar a la madre, mientras que el padre se hacía el imbécil  Pero lo más entretenido del viaje era el juego de seducción entre una rumana ya madura y el auxiliar del bus, el cual hacía gala de sus dotes de galán de telenovela (el cual lo hacían en castellano). Cuando se dio cuenta que nos reíamos de los diálogos  nos pregunta "de donde sois ustedes que entienden todo", ahí le dijimos que eramos sudamericanos y  el nos cuenta que se llamaba Julio, que era vasco, que vivía en París y que trabajaba de auxiliar desde hace algún tiempo. Con Julio seguimos conversando todo el viaje, así que el recorrido se hizo mucho más ameno y entretenido.  

Tras el control fronterizo cerca de Dover (ojo, los británicos no timbran pasaporte a la salida y los franceses solo hacen un chequeo visual del pasaporte, claro todo esto antes del Brexit y de los loquitos del ISIS) cruzamos bajo tierra del canal de La Mancha en el eurotrain y ya estabamos en Francia. Al igual que en el viaje de ida, paramos en una gasolinera en ruta a París al menos una media hora para comer y descansar. De ahí a París eran tres horas, las cuales pasaron rápido, con una sola parada, ya que este recorrido de Eurolines hace una parada en el Terminal 3 del Aeropuerto Charles de Gaulle. De ahí no es más de 30 minutos hasta que llegamos a Paris Gallieni, la terminal de buses de Eurolines en París, la que se encuentra situada bastante lejos del centro de la ciudad luz, en un barrio desangelado y algo abandonado. El terminal de Eurolines, está bajo un centro comercial, siendo un lugar gris e inseguro (dado la cantidad de personas que rondaban esperando que alguno se descuide para salir corriendo con las cosas), lo más alejado de lo que uno piensa de París. De este lugar, teníamos que tomar el bus a Madrid, pero esta es otra historia


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