14 de noviembre de 2013

Un recorrido por Praga: Castillo de Praga, goulash y cerveza

Un recorrido por Praga: Castillo de Praga


Ya estábamos en Praga, la ciudad de Kafka como de la cerveza y la Absenta. Tras descansar bastante bien en la noche, al día siguiente comenzamos a recorrer por la ciudad. La parte vieja de la ciudad, que es la que vale la pena recorrer de la ciudad, esconde vericuetos, edificios, sinagogas, cafés, además de hordas de turistas rusos y jóvenes de todas partes del mundo como locos con la Absenta, un licor que por sus efectos alucinógenos está prohibido en varios países, pero que acá es más fácil de conseguir que el pan, siendo la delicia de los que quieren probar una droga legal sin mayores problemas.  Sales a la calle en Praga a caminar y es como estar en una escenografía, todo lindo, armado para el viajero para que pueda andar a sus anchas. Sin duda, la ciudad invitaba y nosotros tomamos la invitación:  caminamos por la plaza con dirección hacia el río: íbamos con destino al famoso Castillo de Praga, el que se alza sobre la ciudad vieja, siendo un símbolo de la capital checa.  Comenzamos a subir para llegar al Castillo de Praga (Pražský hrad en checo), por suerte, no es difícil subirlo, incluso para quienes estamos sin un gran estado físico. No pienses en un castillo de la edad media ni puente levadizo, sino que es una especie de ciudad amurallada del siglo XVII, donde se instalaba el gobernador imperial Habsburgo, siendo hasta hoy la sede del poder político checo, ya que actualmente es la residencia del Presidente de la República Checa. Tras subir unos veinte minutos, con escalas técnicas, claro está, se llega al complejo donde hay museos, tiendas, cafés, todo mirado atentamente por la guardia del Castillo (militares a la usanza estadounidense, borrando de facto cualquier reminiscencia comunista), sin ser para nada intimidante, por el contrario, le daba el toque pintoresco a la visita al Castillo.

Un recorrido por Praga: cerveza, goulash y pan
Tras bajar del castillo, nos llamó mucho la atención que muchas parejas recién casadas se sacaban fotos de matrimonio en el borde del río, todos con apariencia de ser rusos, ya que llegaban en limusinas, chicas rubias como las modelos rusas, junto con galanes que si les colocas el gorro de oso en la cabeza, podrían haber sido compinches de Lenin o de Yeltsin en una borrachera. Pasamos a comprar en una tienda de regalos, pero ya estaba bajando el hambre, así que cerca del Puente de Carlos, fuimos a comer a un restaurante con aspecto de antiguo, que tenía de menu el goulash a 35 coronas (menos de 2 dólares), así que fuimos y nos sentamos a comer. El goulash era muy diferente al que se encuentra en Hungría, era más como guiso, pero eso no era lo único, la atención de los meseros era realmente como las pelotas....prácticamente nos tiraban los platos, sin ninguna pizca de amabilidad. Aaaaaah dijimos, ni cagando les dejamos propina....lo peor es que al salir de ahí quedamos con hambre y sed, no precisamente de agua, sino de cerveza. Así que a los pocos pasos encontramos una cervecería donde los vasos de cerveza tirada de más de medio litro costaban menos de 1,5  dólares....esta es la nuestra. Ojo que no era un boliche de mala muerte ni mucho menos, está dentro de una zona turística de Praga, confirmando que la cerveza es barata y sobretodo buenísima, además de comer una rica sopa de Goulash checo salud!

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