8 de enero de 2014

Dresden: Imágenes y divagaciones varias

  Dresden: parte antigua de la ciudad

Dresden es de esas ciudades que sin duda, llaman la atención a cualquiera que la visite. Pese a que buena parte de la ciudad vieja fue arrasada en los bombardeos de febrero de 1945, aún se pueden  en Dresden ver edificios de los siglos XVIII y XIX, que recuerdan un pasado glorioso, de  ser una orgullosa ciudad dentro del viejo imperio sacro romano germánico y posteriormente de la Alemania imperial. Poco de eso queda y eso queda claro que a pesar de la restauración, muchos edificios de la ciudad mantienen una cubierta negra de hollín, lo que sin duda es un macabro recuerdo de los sangrientos bombardeos realizados por  la RAF y la USAAF  en los días finales de la Segunda Guerra Mundial en Europa.








manchas de hollín en edificio de Dresden



Tras la  nula reconstrucción  de la ciudad que se realizó en la época de la RDA (es cosa de caminar por sus calles, ya que aún hasta el día de hoy se pueden ver grandes extensiones de su zona urbana vacias o con edificios recién construidos dentro de terrenos prácticamente abandonados) recién tras la reunificación empezó a llenarse de edificios (aunque muchos son centros comerciales) y restaurar lo que quedó del viejo esplendor de la joya de Sajonia: Dresden.




Dresden: huellas del pasado


Caminar por Dresden, es simplemente poder contemplar la belleza de la arquitectura europea, pero a la vez, ver de manera directa la capacidad de matar que puede llegar a tener el ser humano cuando decide autoexterminarse. El sólo hecho de pensar que en esta ciudad murieron más de 80,000 personas en una noche de bombardeos, da escalofríos y a mí me los dio.





Dresden: mural de la época del Kaiser


Cuando caminábamos por las calles de la ciudad, le comentaba a mi esposa de esa sensación extraña, de saber de que miles murieron en una sola noche.  Me imagino que esa sensación debe de ser similar a quienes visitan Hiroshima y Nagasaki, otros ejemplos de donde puede llegar la locura del ser humano en sus intentos de autoeliminarse.








Edificio abandonado en Neustadt, Dresden

Pero más allá de estas divagaciones sobre la vida, la muerte y la guerra que me generó Dresden, esta es una ciudad a la cual volvería encantado. Saber que la vida y el ingenio del hombre puede levantarse tras el desastre (autoinfringido en este caso) es suficiente motivo para recorrer sus calles, puentes y avenidas, esperando eso sí que los hombres hayamos aprendido las lecciones del pasado de una buena vez.












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