29 de julio de 2015

De Quito a Buenos Aires: Lima

Lima, 2015

Habíamos llegado a Lima, una ciudad caótica y fascinantes como pocas en Sudamérica. No era nuestra primera vez en la capital peruana, pero hacía más de 5 años que no andaba por ella. A simple vista,  Lima poco a poco se está transformando en una ciudad de rascacielos, centros comerciales que pueblan hasta los lugares más impensados de la urbe junto con transportes urbanos coordinados (Metropolitano, Metro) que buscan dar algo de orden al caos que ha generado el libremercado, aplicado con gran vehemencia desde los años 90 por el controvertido (aunque todavía amado por millones de peruanos) Alberto Fujimori, Alan García (reciclado cual ave Fenix) y Ollanta Humala, aplicando una particular versión peruana de la receta neoliberal chilena.  Por ello no debe extrañar a quien llega a esta ciudad desde Chile encontrarse en Lima con una multitud de tiendas del país del sur como lo son Ripley, Falabella (llamadas localmente SagaFalabella), Sodimac y Tottus, además de que cadenas peruanas emblemáticas como Wong sean actualmente propiedad del monstruo chileno del retail, Cencosud.  Pero más allá de los cambios económicos y comerciales que se suceden en esta urbe de más de 9 millones de personas apiñadas entre el mar y la sierra, Lima mantiene su esencia, de ser esa ciudad donde se cruza de manera única la herencia colonial, la afroperuana, la andina y la chola (ojo, no uso la palabra cholo de manera despectiva, todo lo contrario, quien escribe se asume peruanofilo),  donde  el resultado más visible de dicha mixtura se puede probar tanto en los restoranes elegantes de Barranco como en las cocinerias de -no tan bajos precios como hace algunos años- que pueblan toda Lima, desde Cono Norte hasta Barranco y la Panamericana.



Lima, 2015
Una cosa que le llamó la atención a quien escribe, es el interesante cambio de color que está tomando el Cercado de Lima (centro). De la última vez que recorrí sus calles, estas estaban con el clásico gris que era como el sello característico del centro, pero en esta ocasión, esa enorme legión de caserones coloniales a punto de caerse y de edificios de bloque tan propios de medianos del siglo XX, han comenzado a tomar otro color. Una serie de murales están tomando algunas paredes y calles del Cercado, saliendo de su escondite tradicional que fue por años el verdaderamente underground Jirón Quilca (esa calle famosa por ser el principal punto de venta de versiones alternativas de libros que se pueden conseguir a pocos soles, haciendo un excepcional servicio a la cultura peruana), expandiéndose a otras calles de la señorial ciudad, lo cual sin duda, le da un aire nuevo a una ciudad adormecida por el tiempo por muchas décadas.

Más allá de los cambios cosméticos y de fondo que ha sufrido la ciudad en los últimos años, y tal como dije en un posteo anterior, Lima es de esas ciudades que a pesar que no viví allí (sólo escalas técnicas y a lo sumo 3 o 4 días en cada ocasión), de una u otra manera me retrotrae mediante flashazos a la infancia. De ahí que le tenga cierto grado de cariño a la capital de Perú y disfrute cada vez que me asomo por esos lados.

Tips: Comer en Lima no es problema a cualquier hora del día. Aunque ya no es tan barato como hace algunos años, se pueden encontrar menues desde unos 3 dólares por los alrededores de la Plaza Mayor, exactamente por los Jirónes Callao y Lampa. ¿Donde tomar?  Quien escribe, si quieres probar un buen pisco peruano y visitar un lugar clásico en el Cercado de Lima,  recomiendo sin duda el Queirolo, situado en la esquina del Jirón Quilca y Camaná. 

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