26 ene 2022

Caminando por Valparaíso: una ciudad detonada y otra para el turismo

 



Tras un par de días en Santiago, viajé hacia mi región natal: Valparaíso.


Iba a estar en la casa de mis padres en Villa Alemana, los cuales no había visto por casi 2 años (verlos por pantalla no es lo mismo) por efectos de las fronteras cerradas por consecuencia del coronavirus, así que estos días aprovecharía de estar con ellos pero también de ver amigos y de caminar un poco por la zona. 

Dentro de esa dinámica, un día sábado anduve por Valparaíso. Me tenía que juntar con un amigo en la tarde noche por la Plaza Aníbal Pinto, pero me fui más temprano, ya que aprovecharía de caminar por la ciudad. Me vine en el ahora llamado tren Limache-Puerto de EFE (antiguo Merval) y me bajé en la estación Francia, más que nada por algo que había visto desde la ventana del tren y me llamó la atención: ensayos de bailes de caporales y ñustas en avenida Brasil ¿ Baile de Caporales en Valparaíso? 

Yo pensaba que esa clase de bailes eran básicamente de las regiones del norte, sobre todo Arica, pero escuchar y ver coreografías de eso a un costado de la estación Francia me hizo bajar del tren en dicha estación. 


caporales ensayando cerca de la estación Francia, Valparaíso



Me quedo un rato mirando a las comparsas ensayando, para después dirigirme hacia la Avenida Pedro Montt, la cual en algún sentido es una reproducción a escala de lo que vi en Santiago, entre Estación Central hasta el centro de Santiago, es decir, una infraestructura urbana abandonada o que funciona demanera muy precaria y veredas llenas de comercio informal, en otras palabras: detonada. 

Aunque al menos desde que tengo uso de memoria la Avenida Pedro Montt nunca fue un lugar muy cuidado, pero al igual que en Santiago lo vi muy abandonado y dejado a su suerte. 

Claramente los beneficios de que Valparaíso sea una ciudad patrimonio de la Humanidad no se han notado mucho en este sector del Plan (centro) porteño. 

Es cierto que el estallido social y la pandemia han hecho de las suyas, pero también es cierto que esto es de muy larga data, tal como lo mencionaba en un posteo de hace algunos años atrás.

Avenida Pedro Montt, Valparaíso

Llego  hasta el final de la Avenida Pedro Montt, a la Plaza Victoria, la cual hasta no hace mucho tiempo algunos punks acampaban en sus alrededores. Al menos ahora no andaban, pero la zona no se ve con mucha vida.   

Sigo por la calle Condell en dirección a la Plaza Aníbal Pinto y acá uno se encuentra con el equivalente porteño de los alrededores de la Plaza Italia-Dignidad: locales abandonados, ya sea porque con las cuarentenas pandémicas  mataron a los comerciantes al no poder vender nada o por los saqueos ocurridos entre octubre de 2019 a marzo de 2020 que hicieron que muchos simplemente cerraran.

Camino a la Subida Ecuador, Valparaíso

Hago una parada en el principio de la subida Ecuador, la cual se ve bastante deteriorada. Hace algunos años escribí sobre ella en una caminata hasta la Cueva del Chivato, pero se veía bastante abandonada en relación con esa visita, aunque persisten los bares (alguno habrá quebrado). 

Ahora en la zona de la esquina de la avenida Ecuador con Condell hay nuevos comercios: verdulerías y bastante comercio ambulante en una zona que hasta 2019 tenía botillerías, fuentes de soda y negocios varios, pero que existan esta clase de negocios en este sector del Puerto te habla de la fuerte precarización de la actividad comercial: productos para el consumo diario. 

Olvídate de otra clase de tiendas. Si, alguno me dirá, hace rato que estaba algo abandonado, pero no a este nivel. La pandemia y el reventón social han dejado sus huellas en el mundo popular porteño, más precario que nunca.

Parada de micros en la zona de la subida Ecuador

A esta altura de la caminata, queda claro que la parte de Valparaíso que no es patrimonio de la Humanidad ha quedado abandonado a su suerte. 

Eso es innegable. Más allá que algunos quieran cubrir el actual escenario con un romanticismo musicalizado con la canción “Valparaíso” del Gitano Rodríguez, claramente el Valparaíso que no es redituable turísticamente es una reproducción descarnada a escala del modelo chileno: beneficios para algunos, para el resto lo que sobra. Es duro lo que planteo pero la realidad mata cualquier relato.   

Eran como las 17:30, decido ir a comer un completo (hot dog chileno) en un clásico de esta parte de Valparaíso: el Mahuel, ubicado en Bellavista 466. Pero me encuentro con la siguiente respuesta: “ya estamos cerrando caballero”

Que una fuente de soda como esta cierre un sábado a las 17:30 hrs sólo revela una cosa: entre el reventón social y las cuarentenas pandémicas han terminado con una forma de vida que costará años retomarla.

Graffitis cerca de Plaza Aníbal Pinto, Valparaíso


Me dirijo ahora sí a la Plaza Aníbal Pinto, punto de reunión histórico para el carrete (joda, marcha) y aunque es temprano hay algo de movimiento. Veo que algunos cafés y bares ya no existen y otros se reciclaron, pero lo que llama la atención es el descuido que hay en sus paredes: lleno de graffitis por todos lados, casi de manera omnipresente. 

Algunos obras de arte, otros reflejo de la agitación política vivida en Chile en los últimos años y los menos, rayados sin sentido. 

Plaza Aníbal Pinto

No iba a estar caminando todo el rato, así que  me tomo un café americano en una cafetería del sector para descansar un rato (2400 CLP/3 dólares/ 660 ARS) y luego me decido ir hacia el Cerro Alegre, corazón de la zona gentrificada, por ende, el área patrimonial. 

No es lejos de la Plaza Aníbal Pinto, serán unas 3 o 4 cuadras por  una calle Condell detonada y vandalizada por las protestas, sobre todo en el frontis de del diario El Mercurio (diario de derecha) versión local del Mercurio de Santiago pese a que el porteño es de 1827, mientras que el santiaguino es de 1901.

Frontis del diario El Mercurio de Valparaíso

Sigo caminando hasta llegar a la calle Urriola, donde tomo dirección hacia el cerro y llego hasta la llamada actualmente “Escalera de Colores” que no es otra cosa que la entrada hacia el gentrificado Pasaje Gálvez, del cual hablamos hace algún tiempo en este blog

Escalera de Colores, Valparaíso

Al llegar acá te encuentras con un sector de Valparaíso apenas tocado por la pandemia y el estallido social, con precios más cercanos a los que puedes ver en Madrid, Barcelona o Lisboa que en el resto de Latinoamérica, tal vez, exceptuando Uruguay. 

Nada baja de los 6 o 7 dólares,  mientras que un menú en esta parte  de la ciudad te puede salir desde los 6900 CLP por persona (8,6 dólares o 1900 ARS), a pesar de que ahora el turismo que llega a Valparaíso es mayoritariamente local, ya que por las restricciones pandémicas entran muy pocos turistas del exterior a Chile, los precios no se han aggiornado o adaptado a la coyuntura  actual y siguen tan descabellados para lo que es la realidad chilena y porteña. 



Pero  tal vez, estos son los costos ocultos de tener una parte de ciudad como reliquia patrimonial abierta al turismo, lo que al parecer es negocio para algunos, quedando los demás fuera del baile. 

Es algo que en algún momento la comunidad organizada porteña (municipio, vecinos, sociedad organizada) deberán tener que discutir que modelo turístico se quiere desarrollar y que ciudad se busca tener para el mediano y largo plazo.

Pasaje Gálvez, Valparaíso

Seguía caminando por la zona del Pasaje Gálvez y el cerro Alegre y claramente caminar acá era andar en otra dimensión, como si no hubiera pasado nada en la ciudad y en el país, en circunstancias de que a 500 metros cerro abajo se ven claramente los efectos de la crisis política, social y más encima sanitaria que ha vivido Chile en los últimos 2 años y medio. 

Es cierto, las sociedades y los sujetos necesitan válvulas de escape a la realidad por cierto rato, pero es inevitable no pensar en aquello cuando eres originario de acá y ver que quedan muchas cosas pendientes o que están al debe. 

Mirador con mirada, Cerro Alegre, Valparaíso

Pero bajando hacia la Plaza Aníbal Pinto donde tenía que juntarme con mi amigo, ya me encuentro con claros recordatorios de la reciente elección presidencial chilena, donde se veía como inevitable el eventual triunfo del ultraderechista José Antonio Kast, lo cual me era indicador de que solo era una ilusión la paz del Pasaje Gálvez y Cerro Alegre y que si hubiese ganado Kast el país hubiera explotado por los 4 costados en muy pocos meses. 

Por suerte ganó Gabriel Boric y habrá que ver como lo hace, pero bueno, siempre será mejor que el impresentable de Kast



Pero no todo en la vida puede ser arreglar el mundo, me junté con mi amigo y fuimos a comer una chorrillana al Dominó, un clásico de la zona de la Plaza Aníbal Pinto. Por suerte hay cosas que no cambian: las chorrillanas y la amistad. 

chorrillana en El Dominó, Valparaíso

Pero al terminar de comer nos encontramos con una ciudad casi fantasma. Era sábado a las 22:30 hrs y no había vida nocturna digna de ese nombre, uno que otro dando vueltas. 

Claramente, el carrete nocturno en el Valparaíso pandémico y post estallido social ha sufrido un grave retroceso del cual costará mucho salir. Pero esto ya escapa a este posteo y a este blog, por ahora. 

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