10 may 2022

Caminando por Iruya

 

Iruya


Por fín ya estábamos en Iruya.

Habíamos llegado tras un largo viaje desde Tilcara (ver posteo previo). Nos bajamos de la 4X4 que nos trajo a Iruya a los pies de un mirador, el Mirador de la Cruz, que tiene una  amplia vista sinoptica de la localidad  y de su valle.  

Quedamos en juntarnos en la terminal de micros a las 14:30 hrs. Teníamos algo más de 2 horas para recorrer sus calles. Originalmente pensamos que nos faltaría tiempo, pero a la postre nos alcanzaría de sobra para caminarla sin apuros. 

Iruya desde las escaleras 

Bajamos sin mayor problemas desde el Mirador de la Cruz, el cual estaba lleno de turistas, subiendo o bajando, algunos agitados por la altura, entendible para quien no esté acostumbrado a ella, ya que Iruya está al menos a unos 2780 metros sobre el nivel del mar, lo que se siente para quienes son de ciudades como Buenos Aires. 

Más allá de los devaneos sobre la altura que está Iruya, desde aca también puede verse más allá de lo que sería el pueblo turístico, que no son más de 3 o 4 manzanas, sino como se ha ocupado todo el valle que lo rodea. 


Vista de la parte sur de Iruya

Como en otras ciudades y/o localidades turísticas, hay claramente 2 Iruya que podemos definir a grandes trazos, una como la Iruya instagrameable, de no más de 4 a 6 manzanas que es la que aparece cotidianamente en redes sociales y páginas de turismo y la otra,  la Iruya del día a día, donde vive cotidianamente la población local, en una de las localidades más aisladas de Salta con todo lo que eso implica. Claramente el turismo ha alterado el estilo de vida de la comunidad y eso es notorio. 

Eso te das cuenta en los niños que se te lanzan en la cancha de futbol al costado de la terminal de Ómnibus que te piden 20 pesos o en los esfuerzos de una comunidad  agrícola y sumamemte católica en ser turista friendly para los visitantes. Todos los bemoles que significa la actividad turística los puedes ver en Iruya. 

Calle en Iruya, Salta

Pero más allá de esos divagues que merecen un espacio mucho más formal que este pasquín  electrónico sobre viajes, estábamos caminando desde el Mirador de La Cruz hacia la plazoleta, que sería algo así como el centro de Iruya.  

De pronto, ya estábamos recorriendo la plazoleta principal y ahí te das cuenta que Iruya es bastante pequeñito. 

Iruya

Aunque el efecto del lente de la cámara parezca que es grande, realmente la plazoleta es realmente chiquita. 

Hay unas letras que dicen "Iruya" (la foto de portada), unos puestos de artesanos y un mirador, teniendo detrás de todo a la iglesia, la que funge como una virtual custodio, tanto simbólico como literal de la tradición y de las costumbres de la comunidad.

Iglesia de Iruya

Como puede verse, la parte que puedes recorrer de Iruya, todo se concentra en pocos metros cuadrados. 

Puedes caminarlo con toda la calma del mundo, pero en no mas de 45 minutos ya caminaste todo lo que sería el centro de Iruya.

Plano de Iruya

Es cierto, el pueblo es coqueto, lindo, fotografiable, instagrameable y todo lo divulgable en redes sociales, pero ¿hay algo más que eso? ya que por momentos parecía una escenografía armada para el turismo, ya que casi nunca vimos gente local por la calle. 

Tal vez el día que nos tocó que era un sábado, que se yo, pero no parecía un lugar con vida más allá de lo turístico y explicaría que existan 2 Iruya muy diferenciados.


Seguimos dando vuelta hasta que fuimos a comer algo a un comedor, creo que se llamaba Las Margaritas, donde nos encontramos almorzando a nuestos compañeros de ruta, los de Venado Tuerto. 

Ahí comimos algo, nada del otro mundo pero con un precio correcto (700 ARS) y de ahí, comenzamos nuestro camino final por Iruya.


Dejamos la parte instagrameable de Iruya para ir hacia la terminal de Ómnibus, lugar donde saldría la 4x4 para comenzar el viaje de vuelta (con Horconal incluido). 

salida sur de Iruya


Pero antes de ir a la terminal de Ómnibuses, cruzamos el puente colgante que nos lleva a una cancha de fútbol de barrio. Apenas cruzamos el puente colgante, aparecieron niños a pedirnos plata. 


Les pasamos unos 20 pesos, mientras otra turista que estaba ahí les pedia una foto y ellos se iban corriendo. Claramente,  solo querían dinero pero no salir en imágenes. Todo un tema que como decía al comienzo del posteo, escapa al blog. Pero ya nuestro viaje por Iruya estaba terminando. 

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