28 de agosto de 2017

Valparaíso: desde la Subida Ecuador hasta la Cueva del Chivato


Valparaíso, Subida Ecuador



Dar una vuelta por Valparaíso puede ser una buena experiencia, incluso para los que la recorrimos por años y que la reencontramos tras décadas de ausencia. Como algunos ya saben, quien escribe es originario de Villa Alemana, pero muchas de sus andanzas estudiantiles fueron en los bares y cerros de Valparaíso. Por esas cosas de la vida, estuve nuevamente hace algunas semanas por el viejo Puerto,   decidiendo dar una vuelta por una serie de lugares que no andaba literalmente en décadas (al menos de noche), pero que merecen ser también recorridas a la luz del día.


A pasos de empezar la Subida Ecuador, Valparaíso


Pero esta vez, lo hice al mediodía, sin mayor apuro. Parto desde la esquina de las calles Bellavista y Condell, punto de partida de la ya legendaria Subida Ecuador, lugar histórico del carrete (marcha/movida/joda en chileno) que tuvo su gran momento de gloria en los primeros años tras la vuelta a la democracia, pero aún persiste como zona de bares hasta el día de hoy. Aunque de día, pese a ser un lugar de carnicerías, fruterías y tiendas varias, mantiene las señas de ser un lugar donde pasan muchas cosas de noche (borrachines tirados, fuentes de soda -versión chilena de los diners estadounidenses- sacadas de algún set decadente ochentoso y las imperturbables botillerias llenas y listas esperando clientes), pero esta era sólo una primera parada del recorrido.


Calle General Mackenna

Luego tomé la calle paralela a la Subida Ecuador, que es la calle General Mackenna, la cual subí al menos un par de cuadras. A pesar de estar a pocos pasos de una zona de bares y vida nocturna, tenía una dinámica diferente: cuando llegue me encontré con un festival de escobas, ventanas ventilando dormitorios en departamentos nuevos desangelados y sin alma  construidos paralelamente a los viejos caserones junto con gente lavando y colgando ropa en la ventana, una postal cotidiana que decido no interrumpir con mi presencia intrusa.  


Avenida Ecuador, Valparaíso


Bajo nuevamente por General Mackenna hasta retomar el camino por la Subida Ecuador que tras salir de la zona de bares y restoranes, se torna en una avenida tranquila, casi fantasmal, donde sólo destacan uno que otro hostel y un terreno tomado, en el cual se autogestionan toda clase de actividades, lo cual -opinión claramente personal-  es un aliciente de organización en un país donde la conciencia colectiva ha sido tapada por el monopolio discursivo del mercado impuesto a fuerza por la dictadura pero ratificado por los sucesivos gobiernos transicionales. Ahí conversé con quienes estaban a cargo, sin duda sentí que los que vienen la tienen más clara que mi timorata generación ochentosa, ya sean desde la autogestión, el feminismo o la nueva organización popular le dan un nuevo aire al entorno social (no es casualidad de que hoy Valparaíso es gobernada por un alcalde menor de 35 años, proveniente de la izquierda alternativa)


Cartel feminista autogestionado, Valparaíso


Pero este día no estaba para purgar de manera plañidera mis pecados políticos. Luego de hablar unos minutos con ellos, les deseo suerte en su ruta y sigo mi camino donde se entrecruzan una serie de murales, los cuales hacen más llevadero el recorrido, un verdadero museo al aire libre que hay que disfrutar sin mayor apuro, idealmente sin tour.



Murales por avenida Ecuador, Valparaíso

Llego tras dar vuelta una curva hasta la esquina de la avenida Ecuador con Cumming, donde comienzo a tomar camino hacia la vieja Carcel, actualmente llamado Parque Cultural Valparaíso. Había ido una vez para juntarme con un amigo, pero esta es la primera vez que vengo con un día de sol radiante. Pero antes de llegar al Centro Cultural seguía mirando los murales que no dejan de sorprender a quien se los tope en su recorrido, ya que muchos ocupan los frontis de las casas de muchos, dando un toque de color único y necesario. 


Mural en calle Cumming, Valparaíso


Tras caminar un poco, llego al Parque Cultural Vaparaíso (conocido popularmente hasta hoy como ex Cárcel), el cual es una buena iniciativa, pero sigue muy subutilizado en términos de ofrecer actividades (si se compara con los existentes en Santiago y si tomamos en cuenta que en Valparaíso está instalada toda la burocracia estatal a nivel nacional referente al arte y la cultura), pero al menos ya se ganó un espacio cultural oficial y un parque para los que viven en los cerros.



Parque Cultural de Valparaíso (ex Carcel)


Tras esta parada, sigo por Cumming bordeando el legendario Cementerio 1 y bajando en dirección hacia Plaza Condell. Esta es una zona de hostels y  bares, los que conviven aparentemente sin mayor problema con los vecinos de toda la vida de esta populosa zona del Puerto. Es en este sector donde se encuentra un clásico culinario popular, el Dominó junto con otros bares de larga data y onda diferente como el Canario, ambos reflejan la conviviencia entre ese Valparaíso popular y ese Valparaíso de bares estudiantiles (la ciudad es sede de 4 universidades)  y de mochileros, los cuales son los más nuevos sujetos en este espacio urbano. 


Calle Cumming, Valparaíso



No alcanzo a llegar hasta la Plaza Condell, ya que doblo a la altura del ya mencionado Dominó para dirigirme a la puerta de entrada al Valparaíso gentrificado y turístico: el ascensor Reina Victoria. Pero antes de llegar, me quedo literalmente en la mitad de la calle mirando a la gente y tratarle de sacarle el rollo, pero bueno, no podía quedarme parado. Tenía que seguir.


Mural por calle Cumming,Valparaíso


Llego al ascensor y es el primer momento donde me encuentro con turistas. Bueno, se acabó el racconto de cuando andaba divagando como estudiante, rumiando las penas de amor o tomando en alguna escalera con los amigos, algo imposible hoy día dado que muchas han sido cerradas con portones por los vecinos, para evitar lo mismo que hacía pero a una escala industrial. Sin duda los años pasan pero el carrete económico sigue siendo el mismo (tomar en Chile históricamente ha sido barato).  Subo al ascensor Reina Victoria (precio 100 CLP), lo comparto con turistas de Santiago y brasileños y llego hasta la calle Abtao. Acá el paisaje urbano ya es diferente, lleno de restoranes, bares con cierto estilo, cafés, bistrós, tiendas de souvenirs caros, una gentrificación del espacio armado para el turismo que gasta, no para el turista mochilero que se queda tomando en Cumming o en el barrio Puerto. Son los costos de la modernidad y el certificado de patrimonio de la Humanidad de la Unesco, el crear un Valparaíso hipster en una ciudad de cuero duro como Valparaíso, resiliente como pocas en Chile (terremotos, incendios masivos, crisis económicas), es hasta raro realmente. Pero bueno, esta parte de la ciuad tiene un aire al Bairro Alto de Lisboa, pero nunca tan barato como el portugués. 

Calle Almirante Montt, Valparaíso

Luego sigo por las calles Almirante Montt y Templeman, dos calles adoquinadas que entremezclan bares, hostels y petit hoteles. Camino con cierto grado de apuro (me acordé que tenía que ver a un amigo) así que comencé a caminar hacia el paseo Atkinson, un clásico paseo si se anda por esta parte de Valparaíso. Lo recordaba como un lugar donde me sentaba a leer toda la tarde (cuando faltaba a clases en la Universidad) ya que era un lugar silencioso y donde quería abstraerme de todo, pero ahora no podría hacerlo dado la cantidad de turistas que pululan por ahí. No deja de ser un lindo mirador, pero ya acá encuentro mi camino por la bajada (subida) que es conocida históricamente como la Cueva del Chivato, la que es el final del recorrido por el Valparaíso de los recuerdos y el actual. 


Paseo Atkinson

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