Había llegado a Arequipa, la segunda ciudad peruana de este periplo
Tenía claro que era una escala técnica: iba a revisar cosas de trabajo y tener una que otra reunión online, sacar dinero del cajero, asegurar el viaje a Lima (pasajes y alojamiento) y lo más importante: visitar el Monasterio de Santa Catalina.
Arequipa: escala técnica
Llegue al Terminal Terrestre arequipeño bastante más tarde de lo que había pensado. Literalmente era de noche y busqué un taxi para ir al alojamiento que había reservado. Acá siempre hay que negociar el precio, al final acordamos 12 Soles hasta el Puente Bolognesi y listo, ya iba en camino. Llego al alojamiento, tal vez, el mas raro de todos los del viaje, una caseron que funciona como hostel dentro de una especie de barrio privado a pasos de la Plaza de Armas de Arequipa, un refugio de clase media acomodada. Me instalo, me pasan las llaves, dejo las cosas y voy a buscar comer algo que no podía más de hambre, encontrando donde comer en uno de los tantos restoranes con menues económicos de la calle Puente Bolognesi, pagando no más de 10 Soles por un Lomo Saltado, un golazo.
Al día siguiente, me tomo un café y luego de eso, tengo una reunión de trabajo vía remota (si, viajo y a la vez, trabajo de torturador de estudiantes de tesis de posgrado) La hice desde el alojamiento, ya que el internet era realmente bueno. Como que no quiso el día, llegó la hora de almuerzo y bueno, no le di más vuelta, fui a almorzar en el mismo sector donde había cenado, los ya mencionados restoranes de la calle Puente Bolognesi: 8 Soles el menu (2,35 USD/2100 CLP/3300 ARS, marzo de 2026).
De ahí decido ir al Terrapuerto arequipeño, eso sí, en transporte público (1 Sol) que me dejó a pasos del terminal. Compro pasajes a Lima en Cruz del Sur que costó unos 127 Soles (36,80 USD/33860 CLP/52440 ARS, marzo de 2026) para viajar en dos días mas. Luego de eso, doy una vuelta y listo, se pasó el día.
Visitando el Monasterio de Santa Catalina:
El miércoles (llegué un lunes) es el día que me había reservado para ir al Monasterio de Santa Catalina. Voy cerca de las 11 am, pago la entrada y entro pensando que me iba a demorar unos 30 minutos como máximo y listo, otro museo o sitio histórico a la lista.
Honestamente entré a visitarlo sin muchas expectativas, que te voy a decir una cosa por otra. Pero no, el Monasterio de Santa Catalina es una verdadera caja de sorpresas ¿Cuál es el término para definrlo de mejor manera más allá de lo religioso? Es un laberinto, donde crees que terminaste de recorrerlo, te encuentras con otra sala, pabellón, galería o capilla. Cualquier descripción que haga, me quedaría corto, ya que realmente es fascinante.
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Pero si lo pensamos seriamente el Monasterio de Santa Catalina ha fungido no sólo como un espacio religioso de monjas de claustro de la clase alta local, sino que también ha sido una capsula del tiempo que ha recogido el pasado de Arequipa: la época virreynal, las luchas de la Independencia, las guerras civiles peruanas, la Guerra del Pacífico contra Chile y el siglo XX hasta la actualidad.
En otras palabras, por las paredes, patios y muros de este Monasterio ha sido el resguardo de la historia local, visto desde la perspectiva de las monjas de claustro que vivieron y murieron acá.
También te muestra el peso de la religión católica y de la Iglesia en la sociedad local, la cual es mucho mayor que en otras partes de Latinoamérica, lo que hace que hasta hoy en Perú no existan leyes de aborto, de matrimonio igualitario y que hasta no hace muchas semanas (marzo de 2026) ser transgenero era considerado legalmente una enfermedad mental.
Volviendo al relato de la visita, aunque no lo parezca es el hecho de que el Monasterio sigue funcionando ahí mismo, aunque la mayor parte del espacio está dedicado para ser visitado, las monjas de claustro viven hoy en día en un pequeño rinconcito del mismo, dejando en concesión a privados la gestión turística del Monasterio, un mecanismo que les permite tener ingresos de manera constante a las monjas.
Como que no quiere la cosa, pasaron casi mas de 2 horas y media hasta que terminé la visita al Monasterio de Santa Catalina y sin dudas, si vienes a Arequipa, debes visitarlo, ya sea por curiosidad antropológica o porque te gusta el arte religioso, del cual acá encontrarás literalmente en cada pared del monasterio.












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