Habia llegado a São Paulo desde Bolivia
Tras un recorrido de día y medio en bus o micro desde Santa Cruz de la Sierra, comenzaba la etapa brasileña de este viaje. Luego de bajarme del bus en el Terminal Barra Funda, tomo el metro y me dirijo hacia el barrio República, pleno casco histórico de la ciudad, para ir al hotel que había reservado: el hotel Moraes (Largo do Paissandu, 128) a pasos de la estación del metro São Bento.
¿Porqué me iba a quedar en el centro si no es para nada la zona mas linda de São Paulo? Simple: el precio y las opiniones del hotel en redes sociales. Cuando uno hace un viaje de mas de dos meses y se tiene un presupuesto latinoamericano, quien escribe busca opciones tanto para pegarme una ducha cuando quiera, que tenga desayuno, con aire acondicionado y no tener que compartir con 15 tipos una habitacion 4x4, además sería el abuelito de Heidi entre ellos, jajajaja.
Luego de registrarme y pagar, me fui a la habitación a darme un duchazo que me hacía bastante falta, mandar señales de vida a la familia y amigos (internet andaba bastante bien para ser hotel brasileño) además de revisar si habían novedades del trabajo. Tras eso, salgo a buscar almuerzo (hambre había) y en esa búsqueda me encuentro con los coletazos del Carnaval en São Paulo. Pese a que había terminado hace algunos días, los festejos en esta ciudad como en otras urbes brasileñas, seguían el fin de semana tras el miércoles de ceniza.
O sea había jolgorio todavía, pero a diferencia de Río de Janeiro, no tuve problemas en buscar alojamiento ya que para suerte mía, São Paulo no es un destino para Carnaval, a diferencia de Río que siempre 2 semanas antes y 2 semanas siempre cuesta encontrar donde dormir.
Eso me llevó a decidir que desde acá no me iba directamente a Río de Janeiro sino que iba a hacer una escala ¿Ilha Grande, Paraty, Ubatuba? Hurgando alojamientos y precios, al final me decidí por ir a Paraty que no conocía, pero antes de eso, iba a quedarme al menos 3 días en la urbe paulista.
El resto del sábado lo aproveché para visitar un centro cultural en pleno centro, el SESC 24 de Maio, interesante espacio que en ese momento había una exposición sobre Hip Hop paulista, la cual te da algunas luces que sonoramente y en cultura pop Brasil ha mirado mucho más a Estados Unidos que el resto de Latinoamérica, pero es algo que escapa a un blog de viajes.
El domingo caminé un poco mas, ya que el día no estaba tan caluroso y me dirigí hacia la zona de la Estación Luz (estaçao da Luz), la cual sería un equivalente paulista a Estacion Central o Once, pero con un barrio muchísimo más degradado y abandonado que sus equivalentes argentinas y chilenas.
¿Pero porqué querría ir a este barrio hecho percha? Habían 2 museos que le tenía visto el ojo, la Pinacoteca -que al final no fui- y el Museu da Lingua Portuguesa (Museo de la Lengua Portuguesa), comenzando mi recorrido con este último.
Este es un museo interactivo pensado para provocar al visitante de manera auditiva y visual, con una propuesta interesante donde se presenta la evolución del lenguaje en general y del portugués en particular, junto con la transición a la formación del Portugués brasileño y sus distintos acentos.
Pero no sólo eso, en el Museo da Lingua Portuguesa había una exposición sobre el Funky brasileño, la cual recorre mas de 40 años y en las imágenes mostraba fotos de una visita en la década de 1970 de James Brown en Brasil, lo que confirma lo que decía antes: la cultura pop brasileña tiene mucho más influencia de la cultura pop estadounidense que otras latinoamericanas.
Tras visitar el museo vuelvo al centro para ir caminando un montón de cuadras hacia la zona de Higienópolis para ver los últimos blocos del Carnaval, además cerraba la jornada, Daniela Mercury cantando arriba de una plataforma movil. Por suerte no llovía ni hacía un calor insoportable, siendo este último coletazo a simple vista tanto como un resumen de todos los estereotipos existentes sobre el Carnaval brasileño, como también un festival de colores, junto con una combinación de reivindicación LGTB, unido con música y rios y rios de cerveza y potencial desenfreno, además de estar lleno de policías armados hasta los dientes, lo que te habla que la violencia es real y que puede desatarse en cualquier momento, pero bueno, al menos en el momento que estuve todo estaba tranquilo.
Pero comienza a oscurecer y siempre es mejor guardarse, sobre todo cuando no se conocen los códigos y las ciudades en este tipo de instancias. Volví a la zona del hotel, que tampoco es la mas linda, pero al menos ya me ubicaba bien. Busco donde comer y al sobre.
El día siguiente, borron y cuenta nueva ¿Hubo carnaval en São Paulo? Ni pareciera, volvió a ser esa ciudad trabajólica de 25 millones de personas que es el corazón económico de Brasil, con sus contradicciones (ver reel donde hablamos de eso) las que llaman la atención de cualquiera que la visita.
La tarde pasa rápido, dejo la habitación, me doy una vuelta para las librerias de la Avenida Paulista y al caer la noche, como algo y de ahí paso a buscar las cosas para ir a la Terminal Tietê y esperar mi bus o micro para Paraty pero esa es otra historia.








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