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De Salvador de Bahía a Villa Alemana: Río de Janeiro, escapada a Petrópolis, viaje a São Paulo y vuelo a Chile

Ya estaba de vuelta en Río de Janeiro.

Tras llegar desde Salvador en un vuelo vía Viracopos, aterricé en Río. Me iba a quedar unos días, antes de seguir viaje para Villa Alemana. Me quedé en la zona límite entre Lapa y Glória, la cual tiene algunos hoteles a precio decente (desde 20 a 25 USD la noche con desayuno). 

Por acá me quedé aprovechando de recorrer cosas que me faltaron en otras ocasiones como por ejemplo visitar el Real Gabinete Português de Leitura, esa biblioteca ubicada a pasos de la Saara pero que la gente no va a leer sino a sacarse selfies o instagramearse, pero bueno, es un mal de esta era.


Otro lugar que tenía hace rato pendiente de vistar en Río de Janeiro era el Museu do Amanhã (Museo del Mañana) un imponente museo interactivo ubicado al final de la Avenida Río Branco, en la Plaça Mauá. 

Este Museo es bastante original, ya que busca provocar al que lo visita sobre el mundo que lo rodea, un concepto interesante de museo en una sociedad como la actual que está bombardeada de datos baladíes e info inutil y que cuya exposición le da pelea.

 Podríamos hablar líneas del museo, pero queramos o no, son cosas que escapan a este pasquín digital.

Pero una de las cosas que tenía ganas desde hace tiempo era visitar Petrópolis, la ciudad que era residencia del último emperador brasileño, Dom Pedro II quien fue derrocado en 1889 por los militares republicanos en dicha ciudad de descanso. Pese a que no está tan lejos y tiene frecuencias casa 40 minutos, te cuesta al menos 80 Rs ida y vuelta, pero como no soy tan amigo de las excursiones, era mi manera de conocer mas en la de uno con sus tiempos. 

Salgo de la Terminal Novo Río cerca de las 9:35 am, en un viaje que no demora más de 1 y media hora pese al tráfico que hay en la única salida que tiene Río hacia el norte y São Paulo. 

El viaje es tranquilo y sin novedades hasta que comenzamos a entrar a la zona de neblina permanente que rodea a la Rodoviaria de Petrópolis. Al estar en montaña el clima es mucho más llevadero que Río en Verano y se entiende por que el último monarca brasileño se instaló acá. 

Para que se hagan idea, es muy similar al que existe en Xalapa, México, que a pesar que está a una hora del caluroso Golfo de México y del Puerto de Veracruz, es un clima "frio", lo mismo sucede con Petrópolis, clima de montaña tropical con un monton de niebla en el terminal. Pero bueno, ya estaba acá y había que recorrerlo. Tomo el único ónibus (micro, bondi, pesero) que sale desde la misma terminal, la que me lleva al centro tras un viaje de 30 minutos.

Me bajo cerca del casco histórico, cerca del monumento al avión de Santos Dumont (quien vivió en Petrópolis) y ahí te das cuenta que era una ciudad aristocrática, pensada originalmente para la nobleza, casas, palacetes y mansiones, todas de diseño europeo, pareciera un lugar de Austria o Alemania pero en su versión tropical. 

Petrópolis claramente para Dom Pedro II era un lugar para abstraerse de la locura de Río de Janeiro -por entonces la capital del país- y de gobernar un cuasi continente como lo es Brasil.  Ya estaba en Petrópolis y había que conocer el Museu Imperial (Museo Imperial) que era la residencia del monarca brasileño en la ciudad y que ahora es sede de un museo. 

Llego al mismo y me encuentro con 2 sorpresas: una que la entrada era gratuita ese día y otra que en el Museu Imperial NO se pueden sacar fotos ni mucho menos filmar y que para recorrerlo había que ponerse unas pantuflas especiales. No faltaron los que sacaron fotos pero no me iba a hacer el canchero ni mucho menos.

Tras visitar el museo y filmar un reel a la salida del mismo, camino hacia el centro de la ciudad que estaba a pocos pasos. Es una ciudad con una clara influencia europea, más allá que sabes que estás en Brasil, pero lo que realmente llama la atención de que no hay las oleadas de personas viviendo en la calle como en São Paulo, Río de Janeiro o Salvador. Pensaba "estos desgraciados los deben sacar del centro de la ciudad por que su presencia 'afea la ciudad" ya que en este país son capaces de estas cosas sin mayor titubeo. Un misterio que no pude responder. Luego busco donde almorzar, un buffet libre (30 Rs, 6 USD) y tras salir de ahí, se larga a llover de una forma que me digo "¡saben que! me devuelvo a Río!". Así que como a las 15 hrs, tomo el bus de vuelta a Río de Janeiro para llegar a las 16:30 al Terminal Novo Río, prácticamente al final del dia (recordemos que a partir de las 17 hrs, comienza a atardecer).

No hay plazo que no se cumpla y había que dejar Río de Janeiro para ir a São Paulo y al Aeropuerto Guarulhos. El plan era salir a las 11 am para llegar como las 17:30 hrs a la Terminal Tietê, dejar las cosas en custodia ir a darme una vuelta a la Avenida Paulista y como a las 22 a 22:30 volver a Tietê para tomar el bus o micro al aeropuerto Guarulhos para hacer tiempo allá, ya que el vuelo de Turkish que tenía a Santiago salía a las 6:35 am. 

Pero a veces, planificaciones sencillas como esas pueden cambiar y tener que improvisar a la marcha. Salvo en uno de la empresa Expresso do Sul, por 125 Rs que apenas salimos de Novo Río, uno de los choferes nos avisa que la ruta está cortada varias horas por arreglos en la vía (y al parecer, se les pasó la mano con la dinamita). 

Y así fue, recorrimos hasta que nos topamos con una larga fila de vehículos esperando pasar. Y así nos dieron al menos 3 a 4 horas. Ya está,  me decía, llegaré tarde pero al menos no perderé el vuelo. Salimos cerca de las 16:30,  como a las 18:00 hrs paramos en un clásico parador Graal, el Graal Estrela (estrella), cerca de la localidad paulista de Queluz. 

Luego seguimos ruta hasta llegar a la Rodoviaria Tietê, a la cual llegamos a las 23:00 hrs. ¿Qué hago? Me tomo un Uber o viajo hasta la estación Luz para tomar el último tren Expresso Aeroporto para el aeropuerto Guarulhos que sale a las 00:00. Ahí decidió el viajero rata: Tenía tiempo, me iba a costar 5,40 Rs llegar al aeropuerto y tenía margen de tiempo. 

Así que salgo de Tietê, tomo el metro en dirección hacia Luz, me bajo, salgo del metro hacia la estación de trenes, camino por el andén (plataforma) hasta el final de la misma, que es donde para el tren Expresso Aeroporto al aeropuerto Guarulhos. Llegue 23:35 así que tenía tiempo. 

No había mucha gente esperando pero al rato comenzó a llegar pasajeros que tomaban el mismo tren expreso. Este llegó a las 00:02 minutos y demoró hasta la estación final que es la que te conecta con los buses o micros del aeropuerto unos 30 a 35 minutos. 

Bajo del tren, voy a la parada de los micros o buses a las diversas terminales del aeropuerto Guarulhos, los cuales tienen una frecuencia mala, de 15 a 20 minutos y en la noche no iba a ser la excepción, de ahí que siempre viajan llenos hasta lo indecible, pero ya estaba en el Aeropuerto.

 Me bajo en el terminal 2, busco algo donde comer (no hay mucho abierto, es la verdad) pese a la cantidad de gente que pululaba en el aeropuerto. Tras comer, hacer tiempo, dejo el equipaje, hago migraciones y listo, buscar donde sale el avión de Turkish. 

Pasa el tiempo aunque no lo parezca, llegó el momento de embarcarse y dejar Brasil. El vuelo de 4 horas, habré dormido unas 2 horas, el resto entre el desayuno que te dan y los avisos en turco del capitan que te van despertando en tanto en tanto. 

Cerca de las 10 am, aterrizamos en Pudahuel y en ese momento rompo el silencio y le digo a mi hermana que aterricé y que me espere, jajaja. No se la esperaba y justo llego y hay un asado a la noche, así que nada mejor que eso. 

Tras hacer migraciones, pasar el control del SAG y buscar la mochila, salgo del aeropuerto Pudahuel con un hambre de esas, así que tomo el bus hasta el Terminal Alameda, dejo el equipaje en esos guardaequipajes que están a la salida de la parte de Pullman Bus del Terminal Alameda (1000 CLP, 1,05 USD por bolso) y me tomo el metro hasta la estación Universidad de Chile, camino por Paseo Ahumada, doblo en Huerfanos hasta llegar a calle Bandera e ir al Bar Nacional a comerme una cazuela. 

P'ta que necesitaba comer una de esas, era mi manera de avisarle a mi cuerpo y a mi mente que estaba de nuevo en Chile.  Tras comer como un poseso, vuelvo al Terminal Alameda para tomar el bus a Villa Alemana, a seguirle con el asado familiar, pero esa es otra historia.

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